PLATÓN

 

ÍNDICE DEL TEMA:

 

1.     VIDA  Y  OBRAS

2.     INFLUENCIAS QUE RECIBE PLATÓN

2.1.      CRATILO (seguidor de HERÁCLITO)

2.2.      SÓCRATES

2.3.      La escuela de Elea (PARMÉNIDES)

2.4.      El pitagorismo (PITÁGORAS)

3.     INTENCIÓN DE LA FILOSOFÍA DE PLATÓN

3.1.      ÉTICA

3.2.      EDUCATIVA

3.3.      POLÍTICA

3.4.      CIENTÍFICA (EPISTEMOLÓGICA Y ONTOLÓGICA)

SELECCIÓN DE  LA CARTA VII

4.     CARACTERIZACIÓN DE LAS IDEAS

5.     EVOLUCIÓN DE LA TEORÍA DE LAS IDEAS

I)            DIÁLOGOS DE JUVENTUD O SOCRÁTICOS

A)         LAQUES

B)         EUTIFRÓN

C)         PROTÁGORAS

II)         DIÁLOGOS DE TRANSICIÓN

A)         CRATILO

B)         MENÓN

III)      DIÁLOGOS DE MADUREZ

A)         BANQUETE

B)         FEDÓN

C)         REPÚBLICA

D)         FEDRO

IV)      DIÁLOGOS CRÍTICOS

A)         PARMÉNIDES

B)         SOFISTA

V)         DIÁLOGOS DE VEJEZ

A)         FILEBO

B)         TIMEO

C)         CARTA VII

6.     EL HOMBRE. Tª DEL ALMA Y DEL CONOCIMIENTO

7.     ÉTICA Y POLÍTICA. LA VIRTUD Y EL ESTADO

8.     REPERCUSIÓN DEL PENSAMIENTO DE PLATÓN

9.     ANEXO DE TEXTOS

 

1.    VIDA  Y  OBRAS          (volver al índice)

 

VIDA
OBRAS

a) Atenas 427 a. C.

      (Guerra del Peloponeso 431-404)

      Maestro: Cratilo

 

Algunas composiciones poéticas que luego rompió

b) 407 a. C. Discípulo de Sócrates

      (404-403: gobierno 30 tiranos)

      399: muere Sócrates. Contacto con

      la filosofía de Parménides en Megara

 

  

 

     

      389 a. C. Primera visita a Sicilia

      (Dionisio I el viejo)

      Contacto con el pitagorismo

 

 

I) Diálogos de juventud o socráticos

TEMA: LA VIRTUD

Laques” (sobre la valentía): ¿Qué es lo     idéntico?

Eutifrón” (sobre la piedad): aparecen las palabras “idea” y “eidos”

Protágoras” (sobre la enseñanza de la virtud)

II) Diálogos de transición

TEMAS: PROBLEMAS POLÍTICOS Y ESBOZO DE LA TEORÍA DE LAS IDEAS

Cratilo”: aparece un esbozo de la teoría de las Ideas: las cosas tienen un correlato entitativo invariable, que es el verdadero objeto del conocimiento.

Menón”: conocimiento del  alma preexistente por reminiscencia

c) 387 a. C. Fu ndación de la Academia

      (Nadie entre que no sepa geometría)

III) Diálogos de madurez

TEMA: LA EXPOSICIÓN COMPLETA DE LA TEORÍA DE LAS IDEAS

Banquete” (sobre el amor)

Fedón” (sobre la inmortalidad del alma):

               La segunda navegación. Lo igual en sí y lo igual en las cosas iguales

República” (sobre la ciudad ideal):

                 Comparación de las líneas. Idea del Bien en sí y símil del sol. La alegoría de la caverna.

Fedro” (sobre la retórica):

                 Cabalgata de los dioses y almas por el cielo.

d) 367 a. C. Muere Dionisio I. Le sucede Dionisio el joven.

   2º viaje a Sicilia

 

 

 

 

 

   3º viaje a Sicilia (361 a. C.)

 

 

 

   347 a. C. Muere en Atenas

 

 

IV) Diálogos críticos

TEMA: DESENGAÑO DE LA TEORÍA DE LAS IDEAS

Parménides”: Autocrítica. Todo el diálogo 2º es Parménides contra Sócrates

Sofista”: Comunidad de géneros y dialéctica

V) Últimos diálogos o de vejez

Filebo”: Placer y bien. Triple causalidad.

Timeo”: cosmología. Reafirmación de su doctrina

Carta VII”: Autobiografía. Intenciones políticas de su filosofía. Lista de las Ideas.

 

2.    INFLUENCIAS QUE RECIBE PLATÓN                 (volver al índice)

 

2.1.      CRATILO (seguidor de HERÁCLITO): De él toma la convicción de que el mundo que nos llega a través de los sentidos es cambiante, fluye constantemente. No hay ciencia posible de los objetos de este mundo. La ciencia tiene que referirse a objetos permanentes, universales y necesarios. (Ver anexo, texto 1º) (Ver anexo, texto 2º)

 

2.2.      SÓCRATES: Platón convirtió en ontología lo que estaba implícito en la práctica de Sócrates, añadiendo las aportaciones del:

·        Realismo de los universales y

·        La reminiscencia.

(Ver anexo, texto 1º)

 

2.3.      La escuela de Elea (PARMÉNIDES): Es una influencia difusa, más manifiesta en los diálogos críticos. De ellos toma la idea de que:

·        Tiene que haber algo inmóvil, el objeto del conocimiento, que sea la auténtica verdad.

·        Esa verdad debe ser conocida por nuestro órgano de conocimiento: la mente, la razón.

·        La distinción entre el saber: conocimiento por la razón o el pensamiento (de lo que verdaderamente existe) y la opinión: conocimiento por los sentidos (del universo cambiante)

De tal modo que a los objetos permanentes, que tienen las mismas características que el ser de Parménides, los denominará Ideas (ontología). Son el objeto de la ciencia (gnoseología) y solamente son cognoscibles por el alma (psicología). La ciencia se contrapone a la opinión.

 

2.4.      El pitagorismo (PITÁGORAS): Destacadamente se inspira en estos temas:

·        La teoría del alma, su inmortalidad, metempsicosis y dualidad entre el alma y el cuerpo.

·        El valor de la matemática y la música.

·        El orden de vida comunitaria de los filósofos que inspiró su escuela: la Academia.

·        Temas cosmológicos.

(Ver anexo, texto 1º)

 

Su filosofía también tiene como motor, pero oponiéndose a estas corrientes:

 

 

3.    INTENCIÓN DE LA FILOSOFÍA DE PLATÓN             (volver al índice)

 

Estas cuatro intenciones que a continuación exponemos, en realidad, no son diferentes e inconexas, sino que están en una estrecha relación en el pensamiento de Platón. Por dar una idea de ello, podemos decir que es necesario alcanzar un conocimiento seguro y fundamentado filosóficamente (3.4. Ciencia) para poder dirigir un estado bajo el signo de la virtud pública y vivir en una sociedad justa (3.3. Política) donde los hombres y mujeres obtengan la mejor educación (3.2. Educativa) y sean virtuosos en su vida privada y pública, alcanzando el saber, el bien y la felicidad (3.1. Ética).

 

3.1.      ÉTICA:                                   (volver al índice)

 

Es la principal en los primeros diálogos, por la influencia socrática, y continúa siendo muy significativa en toda su obra. En Protágoras y Menón la cuestión central es respecto a la posibilidad de enseñar la virtud. Los sofistas transforman el concepto antiguo de areté y entienden la virtud democrática como perfectamente enseñable por los maestros en ella. Platón, que ha heredado de Sócrates el intelectualismo moral según el cual el saber conduce a la virtud y ésta a la felicidad, ve el problema de que para que alguien pudiese considerarse maestro en la virtud, debe saber qué es, lo que sería igual a poseer esa ciencia y requisito imprescindible para poder comunicarla. Por eso falta conseguir una consistente y sólida teoría como fundamento incuestionable.

En Protágoras encontramos el bello mito de Prometeo, donde el sofista cuenta que Zeus repartió equitativamente entre todos los hombres el sentido de la justicia y la virtud política.

En el diálogo Menón concluye que mientras la virtud no sea ciencia ni haya maestros, la poseerá, el que la tenga, como un don o favor divino que permite tener opiniones verdaderas, pero sin la seguridad de la atadura del fundamento.

Posteriormente, con la teoría de las Ideas, veremos que Platón sitúa la Idea del Bien en la cima de la escala de éstas. Esta teoría será el fundamento buscado, argumento central de la enseñanza de la Academia y la comprensión de la Idea del Bien la meta final de la ciencia suprema, la dialéctica. En la República leemos: “En fin, he aquí lo que me parece; en el mundo inteligible lo último que se percibe, y con trabajo, es la idea del bien, pero, una vez percibida, hay que colegir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas; que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de ésta, en el inteligible es ella la soberana y productora de verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o pública.”

 

3.2.      EDUCATIVA:                        (volver al índice)

 

“Enseñar a los hombres, es la misión de la filosofía” República

La intención educativa es fundamental en el pensamiento de Platón. Ya en Menón la cuestión que le pregunta el joven sofista a Sócrates es “si la virtud es cosa que se enseña, o si no se enseña sino que se practica, o si ni se practica ni se aprende, sino que la tienen los hombres por naturaleza o de algún otro modo.” En la segunda parte del diálogo llegamos al planteamiento de cómo se puede enseñar la virtud, de si hay maestros o no, de que habiendo padres buenos y virtuosos no han conseguido lograr que sus hijos lo sean igualmente. A Platón aún le falta en este diálogo el programa educativo -paideía- que posteriormente llevará a cabo en la Academia y podemos leer en la República. En el libro VII, la frase de entrada a la conocida alegoría de la caverna es: “Y a continuación –seguí-, compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la educación o la falta de ella, se halla nuestra naturaleza.”  Aquí, efectivamente, gracias a la teoría de las Ideas, tenemos el perfil del maestro-filósofo-gobernante que posee la ciencia -episteme- y puede enseñársela a los jóvenes (Platón nos detalla el programa educativo completo), resolviendo el grave problema de que las mejores naturalezas sean echadas a perder por las lesivas enseñanzas de los sofistas, y no orientadas en su conducta hacia el conocimiento de la virtud para ponerla al servicio de la comunidad. “¿No es natural y no se sigue forzosamente de lo dicho que ni los ineducados y apartados de la verdad son jamás aptos para gobernar una ciudad, ni tampoco aquellos a los que se permita seguir estudiando sin fin ...?”

Ahora bien, como decíamos, la paideia platónica se desarrollará en completa oposición a los supuestos maestros, los sofistas, que, según él, son en realidad malos educadores, “artistas de la moda y cocineros”, aduladores que sólo pretenden agradar. Mientras éstos entienden la enseñanza como dar visión a los que no ven, Platón lo hace pensando en que los ojos, el órgano del conocimiento, sí se poseen, pero que hay que enseñar a mirar en el sentido adecuado, no teniéndolos dirigidos hacia abajo.

Ahora bien, el papel salvífico de la educación sólo es posible en un Estado justo, pues de qué sirve ser como Sócrates en una polis que le condena por corrupción de la juventud o donde los mejores son echados a perder por enseñanzas equivocadas y nocivas.

 

3.3.      POLÍTICA:                            (volver al índice)

 

“Que vengan a ser una misma cosa el poder político y la filosofía” República

Para reconocer que la política fue un tema del mayor interés para Platón nos basta conocer su biografía o leer en la Carta VII (ver más abajo) la confesión de sus intenciones que nos ofrece el autor mismo.

Cuando Platón aún era joven fue invitado por sus parientes Critias y Carmides, pertenecientes al grupo de los 30 tiranos, a participar activamente en el gobierno de Atenas. Él declinó aceptar el ofrecimiento. Más adelante, cuando tenía 38 años, viajó a la corte de Siracusa donde ejercía el poder Dionisio el Viejo y en donde despertó la admiración y el afecto de Dión, cuñado y yerno del tirano, iniciándose una buena amistad que se prolongaría toda la vida. Platón pensó que era ésta una buena ocasión para poner en práctica sus ideales políticos, aconsejando a Dionisio el modo de organizar un estado justo según la filosofía. Pero el tirano no era un hombre apto para comprender la filosofía y renunciar a sus arbitrariedades y caprichos. La presencia del ateniense acabó por resultarle insoportable y le hizo embarcar, entregándolo a los eginenses, cuya ciudad estaba entonces en guerra con Atenas. Al llegar a Egina le consideraron como prisionero y, según las leyes, le podrían haber condenado a muerte, pero prefirieron pedir un rescate, vendiéndole como esclavo. Gracias a un amigo cirenense que se enteró y pagó el rescate, consiguió la libertad y pudo regresar a su polis. Allí fundó su escuela, la Academia, donde dar la formación teórica necesaria para lograr el ideal de filósofo-gobernante, transmitiendo a sus discípulos la preocupación por organizar políticamente las ciudades según los ideales de justicia y virtud.

Ya con 60 años, en el 367 a. C. falleció el tirano de Siracusa, sucediéndole su sobrino, conocido como Dionisio el Joven. Dión le escribió diciéndole que era una oportunidad para dar realidad a su concepción política, puesto que el recién gobernante, al ser más joven e influenciable, se dejaría convencer más fácilmente. Platón volvió a Sicilia, pero sus intentos y las buenas intenciones de Dión fracasaron de nuevo. Dionisio desterró a Dión, que se fue a Atenas, e hizo residir en su propio palacio a Platón, custodiado por sus guardias. Por fin le dejó marchar y llegó a su ciudad natal, donde se reencontró con su amigo.

Era ya el año 361 cuando, sorprendentemente y por tercera vez, Platón viajó a Siracusa acompañado de Dión y de algunos miembros de la Academia. Nada consiguió; por el contrario su vida corrió serio peligro; Dionisio no le dejaba marchar. Tuvo que intervenir enérgicamente su amigo Arquitas, que le envió un barco para que le dejase partir a Atenas. Allí pasó sus últimos años.

Para su tratamiento teórico, la obra más importante es, sin duda, la República, como ya muestra su título -Politeía- en griego. “-¿Y qué?- dije yo. ¿No es natural y no se sigue forzosamente de lo dicho que ni los ineducados y apartados de la verdad son jamás aptos para gobernar una ciudad, ni tampoco aquellos a los que se permita seguir estudiando sin fin”

Igualmente fue central el tema de la política en los diálogos posteriores el Político y en las Leyes, su última obra y la única en la que el principal interlocutor no es Sócrates, donde Platón expone su concepción del Estado liberada del exagerado idealismo utópico de la República.

 

3.4.      CIENTÍFICA (EPISTEMOLÓGICA Y ONTOLÓGICA):                   (volver al índice)

 

Sócrates llegó a establecer en sus enseñanzas los caracteres de la ciencia –episteme-. Ésta, como verdadero saber frente a la simple opinión -doxa-, es un conocimiento necesario, inmutable y universal. Pero un saber de este género, que pueda cumplir estos requisitos, tiene que tener un objeto adecuado y paralelo, es decir, la verdadera ciencia es de lo necesario, inmutable y universal. Ahora bien, las cosas de este mundo sensible y material son lo contrario, contingentes, mudables y singulares o concretas; en consecuencia no pueden ser propiamente objeto de la ciencia. Si hay ciencia, pues, debe haber realidades –entes, de ahí “ontología”- en un mundo inteligible y trascendente que sí posean las tres características. A éstas, considerándolas las realidades auténticas y plenas, seres en sí, perfecta unidad, infinitamente participables,... las denomina Platón “Ideas”.

Ya hemos visto que esta separación entre ciencia o conocimiento racional del Ser y opinión o conocimiento sensible de lo visible se apoya en distinciones similares de Heráclito, Parménides y de Demócrito, contemporáneo de Sócrates.

 

SELECCIÓN DE  LA CARTA VII                 (volver al índice)

 

Al ver esto y al ver a los hombres que llevaban la política, cuanto más consideraba yo las leyes y las costumbres, y más iba avanzando en edad, tanto más difícil me fue pareciendo administrar bien los asuntos de la polis. [...] La legislación y la moralidad estaban corrompidas hasta tal punto que yo, lleno de ardor al principio para trabajar por el bien público, considerando esta situación y de qué manera iba todo a la deriva, acabé por quedar aturdido. [...] Entonces, me comenzó a dar todo vueltas con vértigo de náuseas, y llegué a la convicción de que todas las actuales constituciones de los pueblos son malas, y me vi impelido a cultivar la auténtica filosofía, pues a ella hacía yo el honor de creerla fuente del saber para todo, maestra de lo que es bueno y justo tanto en la vida pública como en la privada. Nunca se verá la humanidad libre de los males que la aquejan, así pensaba yo, mientras no se hagan cargo de los negocios públicos los representantes de la verdadera y auténtica filosofía, o al menos mientras los investidos de poder público, llevados por un impulso divino, no se dediquen a ocuparse seriamente en la verdadera filosofía.

 

Platón: Carta VII, 324 b ss.

 

 

4.    CARACTERIZACIÓN DE LAS IDEAS                    (volver al índice)

 

Las Ideas son el verdadero ser de las cosas, son realidades objetivas, no meros conceptos mentales, sino la auténtica y primigenia realidad. Reflejadas en las cosas les hacen ser lo que son. Las cosas tan sólo son copias múltiples, individualizadas  y compuestas de diversas Ideas inmutables.

Un objeto se nos manifiesta y decimos que es, por ejemplo, bello porque la Belleza está presente en él. Si toma forma circular es porque en él hay, está, la Circularidad, o bien se aproxima a ella. Si este objeto es único y diferente de otros, pensamos en él tomando la Idea de Unidad. De esta manera los objetos sólo pueden ser de un modo cualquiera, determinado, y sólo podemos decir o pensar en ellos si establecemos una correspondencia entre su ser singularizado y el Ser en sí de las Ideas intemporales que tienen su presencia o huella en la cosa. Así, si vemos un árbol, sólo podemos reconocerlo, pensar en él y decir que es un árbol en cuanto que en él se dan las características que le identifican como tal ser, es decir, por referencia a lo que es la realidad común de cualquier ser llamado “árbol”. Cualquier propiedad de tal árbol, como el verdor de sus hojas, es una propiedad común que sólo se entender y expresar con nombres comunes. La Idea es, por tanto, lo común, lo esencial, lo universal y necesario, mientras que el árbol concreto es una representación particular, física, finita, temporal y contingente, por lo que puede ser talado y transformado en madera sin que ello cambie en nada la naturaleza común de las especies de árboles.

Las Ideas son la suprema perfección pues son en sí mismas y tienen todas las propiedades características esenciales. Por ejemplo a la Idea de justicia no le falta ni sobra nada, pues es la Justicia en sí misma. Las cosas más perfectas y acabadas son las más parecidas, las más próximas a la Idea que nos suscitan. Si decimos que un copo de nieve es blanco, es porque tenemos una noción de la blancura que, a su vez, corresponde, según Platón, con la Idea eterna y universal de Blancor. Es posible que comparando el copo con cualquier otra cosa albina, encontremos ésta aún más puramente blanca, con lo que ascendemos en mayor grado a -o poseemos ya- la comprensión de qué es lo Blanco en sí. Así las Ideas son los modelos, paradigmas, patrones o arquetipos.

Las Ideas son las formas o esencias, el género y la especie. Si pretendemos hacer la escultura de un caballo, lo que debemos plasmar y materializar en el mármol es la forma o Idea de lo que un caballo es. Cuando esté terminado se habrá individualizado por la materia marmórea y tendremos una representación más o menos lograda respecto al plan inicial, pero si pensamos bien en el ejemplo, veremos que su forma equina le ha sido dada sin que realmente pertenezca al objeto como tal. En un proceso inverso podría ser corrompida.

Las Ideas no están en el espacio, no son materiales, pero para Platón existen realmente en un mundo ideal. Es más, ese mundo es el verdadero y auténticamente real. (Por esto cuando se expone la filosofía platónica, conviene reservar los términos “real”, “auténtico” o “verdadero” para las Ideas, mientras que para los individuos de nuestro mundo material, debemos reservar vocablos como “cosa”, “objeto”, “individuo”, “apariencia”). Con esta división sienta las bases de un acentuado dualismo cosmológico entre el mundo inteligible o de las Ideas y el llamado mundo sensible o visible: el del movimiento, la materia, la pluralidad de las cosas. En correspondencia con esto también postula un dualismo antropológico entre el alma, que es inmortal, inmaterial y con parentesco con las Ideas; y el cuerpo que toma en su encarnación temporal. Lo veremos en el apartado 6º.

Las Ideas son: idénticas a sí mismas, subsistentes en sí, autónomas, trascendentes al mundo sensible, inmutables, inmateriales, intemporales y eternas, perfectas y plenas cada una en su género, esencialmente inteligibles, universales y necesarias,... A las cosas debemos atribuirlas todo lo opuesto.

Ideas hay tantas como clases o conjuntos de cosas hay (y, por tanto, como conceptos o nombres comunes) pero están escalonadas jerárquicamente, acorde a la convicción de Platón en un ordenamiento racional del mundo. En la cima o vértice superior está la Idea del Bien, que Platón compara con el sol, fuente del ser, bien, verdad, unidad e inteligibilidad de las Ideas. En un estrato inferior se sitúan las Ideas puras de virtudes y valores, como la Belleza, Justicia, Piedad,... Por debajo están la Ideas matemáticas y, en la base de la pirámide, las Ideas referentes al mundo material: reposo y movimiento, extensión, peso e Ideas de cosas o sustancias.

Las Ideas cumplen una triple función en el sistema filosófico platónico:

A)    Epistemológica: Son el objeto de conocimiento en relación con la inteligencia. La ciencia sólo puede consistir en un conocimiento seguro de lo que es universal y necesario, de aquello que es en sí y siempre verdadero. Con ello sienta las bases del objetivismo gnoseológico –que se opone al escepticismo y agnosticismo- y del realismo de los universales. Frente al nominalismo de ciertos sofistas, Platón defiende que los conceptos no son simples nombres comunes expresados en su definición, sino auténticas realidades, expresión de lo que es la cosa, de su entidad.

B)     Ontológica: En relación con las cosas, las hacen ser lo que representan, porque los objetos sensibles participan, imitan, hay presencia en ellos o comunican con las Ideas de las que reciben por participación su ser mundano y temporal. De este modo Platón pone las base de una teoría de la causalidad donde la Idea del Bien es causa y fuente primera de toda la realidad, igual que el sol comunica su luz iluminándolo todo.

C)    Axiológica: son ideales en relación con la actividad y finalidad de cualquier ser, señalando su  sentido y meta últimos. Así son ideales y fin. Por ejemplo la Idea de valor sería el modelo o arquetipo de cualquier acción valerosa o persona que pretendiera serlo y se calificarían como tales sólo por su aproximación a lo que es el Valor mismo. De este modo Platón afirma un absolutismo moral en oposición a las planteamientos relativistas o subjetivistas dominantes entre los sofistas.

Los hombres, para poder acceder al conocimiento y la comprensión de las Ideas (gnoseología o teoría del conocimiento), disponemos de tres recursos:

a)      La reminiscencia. La veremos en Menón, Fedón y Fedro.

b)      La dialéctica. La explicaremos más adelante cuando expongamos el contenido de dos obras cruciales: Banquete y República.

c)      La purificación del alma por la virtud. Inspirada en el pitagorismo, se encuentra en diálogos como Fedón y Fedro.

Además, con el diálogo Timeo veremos su teoría cosmogónica, donde sabremos cómo se formó el mundo sensible.

 

5.    EVOLUCIÓN DE LA TEORÍA DE LAS IDEAS             (volver al índice)

 

En apartado, obligados a escoger algunos diálogos entre el conjunto de la obra de Platón, hemos seguido el criterio de seleccionar los que consideramos más importantes para el desarrollo y la exposición de la teoría de las Ideas.

 

I)             DIÁLOGOS DE JUVENTUD O SOCRÁTICOS                      (volver al índice)

 

En estas primeras obras Platón aún está fuertemente influido por Sócrates y no ha desarrollado su propio pensamiento, por lo que fundamentalmente expone los temas de su maestro. El interés es ético-práctico y la pretensión es definir los universales.

 

A)    En LAQUES, que trata de responder a qué es el valor, busca la identidad entre casos similares y la idea es lo idéntico a sí mismo (igual sucede en Hippias Mayor con lo bello)

 

B)     En EUTIFRÓN se pregunta qué es la piedad. Están ya como sinónimos los términos idea -idea- y eidos -forma, especie-. Pero todavía entendidos como concepto (ambiguamente) a definir, es decir, como la clase, cualidad, estructura o carácter a que se refiere la palabra.

 

C)    PROTÁGORAS es el diálogo más importante de este periodo. Sócrates conversa con Protágoras sobre el crucial problema de si es enseñable la virtud. Narrado por el sofista conocemos el mito del reparto de las capacidades; el filósofo ateniense defiende su idea de la virtud como un saber.

 

II)          DIÁLOGOS DE TRANSICIÓN                  (volver al índice)

 

Todavía es notable la influencia de su maestro, pero aquí ya hallamos claros rastros de inspiración en otras fuentes, como la filosofía pitagórica. Destacan los primeros esbozos de la más importante contribución de Platón, su teoría de las Ideas.

 

A)    CRATILO, sobre el lenguaje correcto. Aquí leemos que “arriba” están las esencias y “abajo” la pluralidad. La preocupación del diálogo pasa del orden moral al intelectual, con el rechazo al subjetivismo y relativismo, enfrentándose a Heráclito (su tesis del panta rei) con la postura de que para que exista el conocimiento verdadero debe existir lo inmóvil y a Protágoras (su tesis del homo mensura) defendiendo que en el orden moral no hay norma si la apreciación depende del individuo.

 

B)     MENÓN. Se discute la posibilidad de enseñar la virtud y si ésta puede ser o no ciencia. El problema de fondo es determinar qué es la virtud, encontrar una noción universal. Para abordar dicha cuestión Sócrates expone la teoría de la inmortalidad del alma y la reminiscencia o recuerdo de la verdad que el alma conoció en su vida anterior a la encarnación.

Esta obra, al ser el texto escogido en la PAU, la desarrollamos más detenidamente aparte.

 

En cualquier caso, en estos diálogos, es importante destacar que las ideas siguen sin ser trascendentes; no se habla explícitamente de un mundo de las Ideas separado y anterior al mundo sensible, por mucho que estén implícitos algunos temas que anticipen lo que sí será ya manifiesto en los diálogos siguientes.

 

III)       DIÁLOGOS DE MADUREZ                       (volver al índice)

 

En este periodo están las cuatro obras principales de Platón en cuanto al descubrimiento y  exposición acabada y completa de su teoría de la Ideas.

 

A)          BANQUETE                            (volver al índice)

 

Se trata de una reunión distendida y festiva entre personajes muy conocidos de la época, que tras disfrutar del convite deciden buscar un agradable tema de conversación, por lo que escogen hablar del amor, iniciando sucesivamente sus discursos. Cuando le llega el turno a Sócrates, cambia la orientación que le habían dado sus predecesores, pues en lugar de enfocarlo de modo poético o en el lenguaje científico del momento, él pretende desvelar la verdad del amor que le reveló una sabia mujer llamada Diotima Así, por boca de ella y en estilo mítico, Sócrates cuenta el famoso relato del día que celebrando el nacimiento de la diosa de la belleza, fue concebido el Amor y cómo éste, por haber sido engendrado por Penia (la pobreza) y Poros (la abundancia), es filósofo, ya que la filosofía también es una búsqueda del ser amado -el conocimiento- guiada por el amor, y un camino entre la ignorancia (el no saber o carencia de la que se quiere escapar) y la sabiduría (el saberlo todo, motor del deseo y meta del alma).

El “amor platónico” es el motor del conocimiento, que es la tensión y el recorrido que va desde escapar de la ignorancia hasta aproximarse a la sabiduría. El alma, la facultad del conocimiento, se mueve por un deseo “erótico” – de Eros-, como el amante busca lo amado. En eso precisamente consiste la filo-sofía (amor-a la sabiduría).

La dialéctica erótica del “Banquete” es la exposición del ascenso por grados de cercanía del amante al objeto amado –las Ideas-.

1º grado: partiendo de la atracción por la belleza representada en los objetos físicos concretos y en los hermosos cuerpos de las personas amadas, llegamos a sentir aprecio por la belleza física impersonal.

2º grado: de la belleza física nos elevamos a la belleza moral de las almas, la belleza del modo de ser y la conducta de las personas.

3º grado: como las almas son bellas por sus sentimientos y pensamientos, reconocemos como superior el amor, en general, a los sentimientos y pensamientos bellos.

4º grado: por fin descubrimos el amor a las Ideas y, en último término, a la Idea del Bien, conociendo y contemplando la Belleza en sí.

 

B)           FEDÓN                                   (volver al índice)

 

Este diálogo trata de la inmortalidad del alma, de la que da varias pruebas. Defiende el carácter innato de las Ideas y su reminiscencia. Transcurre en la prisión donde Sócrates aguarda la hora de tomar la cicuta mientras razona con sus amigos sobre la inmortalidad del alma y el sentido de la filosofía entre la vida y la muerte.

El conocimiento de las ideas es por reminiscencia o anamnesis  (por recuerdo). El alma vive como adormecida en la cárcel que es el cuerpo y tiene como ventanas los sentidos, que al presentarla ciertos objetos siente la punzada de la nostalgia, surge el recuerdo y el deseo de escapar de esa devaluada vida.

En Fedón Platón ofreció una versión radicalizada del dualismo antropológico entre el alma -psique- y el cuerpo -soma-. El cuerpo es, por su tendencia hacia lo bajo y material, la fuente de todos los males, desdichas, calamidades, enfermedades, pasiones,... y un impedimento para el conocimiento de las Ideas, por lo que el alma anhela liberarse de ese lastre en pos de la pureza y la inmortalidad. El desprecio al mundo culmina en una trágica frase: Los filósofos de verdad se preparan para morir. El papel de la filosofía es la catarsis o purificación del alma. En efecto, puesto que sólo podrá ser conocida plenamente la verdad con la muerte, mientras tanto no sólo debemos evocar el recuerdo de las Ideas mediante la reminiscencia, sino también purificarnos liberándonos de los lazos sensibles y preparándonos para la separación del cuerpo. (Ver anexo, texto 3º)

En este diálogo ya se habla explícitamente de la trascendencia y anterioridad de las Ideas. Encontramos: Ideas de valores, de entidades matemáticas y, de modo implícito, de sustancias. Se señala el parentesco del alma con las Ideas.

Las ideas son las causas de las cosas, dejando el rastro de su presencia, y el modelo que éstas imitan y del que participan. (Ver anexo, texto 4º)

 

C)          REPÚBLICA                           (volver al índice)

 

Es el diálogo más importante de Platón donde trata de su concepción de la ciudad ideal, contiene todos los principales temas de su filosofía y los pasajes más relevantes con la exposición más completa de su teoría de las Ideas, para la cual son especialmente notables los libros V, VI y VII.

 

SÍMIL DEL SOL: Es una sencilla comparación del sol con la Idea del Bien. Ésta está en la cima de jerarquía de las Ideas y es el fundamento del ser, el conocer y el valer. Al igual que el astro es fuente de luz y causa de la visión de los objetos por el ojo, la Idea del Bien es la fuente de la verdad (= luz) y causa de que sea conocida (= visión) por el sujeto, el alma que conoce (= ojo).

 

SÍMIL DE LA LÍNEA: Al final del libro VI tenemos esta explicación con una intención epistemológica.

 

Escala del Ser o de los objetos del conocimiento

Escala del conocer

Saber

 

Región Inteligible

(Cosmos noetós)

El Ser

(ousía)

B2  De las Ideas hasta el principio universal anhipotético

Filosofía

(Dialéctica)

Noesis

(Intelección, intuición intelectual)

 

Episteme

= Ciencia

(Conocimiento del alma)

B1  Objetos inteligibles para cuya búsqueda el alma se vale de A2. Entidades matemáticas.

Matemática

Dianoia

(Conocimiento discursivo)

 

Región Sensible

(Cosmos oratós)

Devenir

(génesis)

A2  Todas las cosas del mundo sensible: naturales o artificiales

Física

Pistis

(Creencia, percepción inmediata)

Doxa

= Opinión

(pseudo-conocimiento por los sentidos)

A1  Imágenes, sombras, reflejos

Jurista

Poeta

Eikasia

(Conjetura, imaginación)

 

La dialéctica, método propio de la filosofía, permite el acceso al mundo de las Ideas. Inicialmente es un proceso ascendente hacia la Idea, y luego de Idea en Idea hasta la suprema –el Bien-. Proceso que va de lo múltiple, sean cosas o Ideas, hasta lo uno, el Bien. Pero también hay una dialéctica descendente, proceso inverso que reconstruye la serie de las Ideas sin recurso alguno de la experiencia. Así la dialéctica permite establecer la comunicación (koinonía) y trabazón (symploké) entre las Ideas.

 

ALEGORÍA DE LA CAVERNA: Al comienzo del libro VII de la República podemos leer el más conocido y sugerente de los relatos de Platón. Su contenido y significado es paralelo a la línea, pero aquí la exposición es narrativa, no esquemática, de acuerdo con una intención ética más que epistemológica.

No es lo más correcto llamarlo “mito”, sino mejor “alegoría” (allo agoreio, “que dice otra cosa”) o “símbolo”.

Al parecer Platón se inspiró en las condiciones de vida de los mineros de latón que vio en Siracusa, auténticos trogloditas (cavernícolas) que desde niños estaban de sol a sol desenterrando el metal. Hoy podríamos trasladar fácilmente la escena a una sala cinematográfica, un salón con televisión o un cuarto con el ordenador conectado a Internet. También aceptar la idea del premio Nóbel José Saramago, donde la caverna son los centros comerciales o bien inspirarnos en Matrix.

Como curiosidad cabe señalar que un joven Aristóteles escribió su versión. Sin embargo es muy sintomático que la caverna sea un lujoso palacio enterrado, cuyo exterior es el mundo real.

 

 

Cosmos Noetós

EXTERIOR DE LA CAVERNA

Mundo de la cultura o educación

B2  Los objetos reales = Ideas y el Sol = la Idea del Bien

B1  Los reflejos y las sombras del exterior cuando está cegado por el sol = las entidades matemáticas (inteligibles inferiores)

 

Cosmós Oratós

INTERIOR DE LA CAVERNA

Mundo de la incultura, sin paideia

A2  Zona entre la entrada y la tapia

A1  Zona entre la tapia y la pared del fondo

 

El tránsito desde la conjetura a la creencia y a la dianoia responde a la educación científica, mientras que es propio de la educación filosófica el tramo superior que va desde la dianoia a la noesis.

Platón expone simultáneamente su teoría de la educación (arquetipos de la conducta y de las instituciones) y su teoría ontológica.

Al final de la obra, en el libro X, podemos leer el curioso mito del tracio Er, el único hombre que regresó de ultratumba, sin beber antes del agua del olvido, para contar lo que allí pudo observar.

 

D)          FEDRO                                   (volver al índice)

 

Es el más sencillo y recomendable compendio de la filosofía platónica, pues encontramos que reúne todos los temas fundamentales: el amor, la belleza, la inmortalidad del alma, la reminiscencia,…

Como expone el tema del Eros (amor platónico) y la belleza, es un diálogo muy adecuado para iniciarse en la historia de la teoría estética deudora del platonismo.

Destaca  la exposición de la teoría tripartita del alma y la reminiscencia con el conocido mito del carro alado que tirado por dos caballos gira en torno al sol. El auriga representa el alma racional, el caballo blanco la irascible y el negro la concupiscible. (Ver anexo, texto 5º)

Otro mito interesante es el de la aparición de la escritura, pues al contrario de lo que esperaba su inventor (y los lectores) el rey ordena que se borre todo rastro de tan nefasta y perjudicial arte.

 

IV)       DIÁLOGOS CRÍTICOS             (volver al índice)

 

Los diálogos de este periodo son una autocrítica y revisión de su propia teoría y los más complicados por su estilo, temática y el modo lógico de exponerla.

 

A)          PARMÉNIDES                        (volver al índice)

 

La voz crítica con la teoría de las Ideas es un anciano Parménides que pone en serias dificultades al joven Sócrates. Esto da a entender que la autocrítica que se hace Platón es en confrontación con los eleatas y que tiene una doble intención: superar las dificultades que el propio Platón encontraba en su teoría de las Ideas (o que le fueron sugeridas por alumnos brillantes, como bien pudo hacer Aristóteles) y superar, al mismo tiempo, el monismo estático (no existe sino el Ser, único e inmóvil) de Parménides y su escuela.

Aquí tenemos un primer problema respecto a cuántas y de qué hay Ideas: Hasta este diálogo Platón había reconocido siempre las Ideas de valores y de entidades matemáticas, aunque había dudado con las Ideas de cosas sensibles. Pues si decimos que a cada cosa corresponde una Idea, ¿tenemos que admitir que también existan de cosas ridículas, indignas y sin valor como, por ejemplo, el cabello, el barro, o la suciedad? En el Parménides encuentra Platón la manera de justificar las Ideas de cosas.

Una segunda dificultad es qué relación hay entre las Ideas y las cosas. Platón había empleado términos como participación o imitación, pero en este momento advierte lo confuso de estos conceptos y la problemática que plantean.

 

B)           SOFISTA                                 (volver al índice)

 

Formaba parte del proyecto de una trilogía: el Sofista, el Político y el Filósofo, aunque este último no llegó a escribirse. En ambos diálogos el interlocutor principal no es Sócrates, sino un “forastero de Elea” (Platón). Se emplea en la búsqueda de la definición el método de la diairesis (divisiones dicotómicas).

En este diálogo se nos plantea una tercera dificultad sobre la relación de las Ideas entre sí, de unas con otras. Platón había concebido el mundo de las Ideas como un mundo estático (son eternas e inmutables) a semejanza del Ser inmóvil de Parménides. En el Sofista se propone dinamizar el mundo de las Ideas introduciendo en él la vida, la inteligencia y el movimiento. Con tal fin introduce cinco conceptos: Ser, Movimiento, Reposo, Lo Idéntico y Lo Otro.

 

V)          DIÁLOGOS DE VEJEZ              (volver al índice)

 

En los últimos diálogos Platón abandona las cuestiones metafísicas y se interesa por la cosmología y la historia. Se mantiene la influencia del pitagorismo, evidente ahora en los planteamientos cosmológicos. Políticamente la postura es más dura y reaccionaria.

 

A)          FILEBO                                   (volver al índice)

 

Se exponen las discusiones entre los seguidores de Sócrates sobre la primacía ética del saber o del placer. Platón admitirá que para la vida buena y virtuosa es necesario contar también con el placer moderado. El sumo bien no puede ser ni el placer solo ni la sabiduría sola, sino una mezcla de ambos, pues el hombre no es ni pura animalidad ni pura racionalidad. Sólo puede ser una vida mixta de placer y sabiduría. Pero esta mezcla debe ser proporcionada. Platón compara la sabiduría con una fuente de agua y el placer con una fuente de miel; y, del mismo modo que para una bebida es necesario mezclar ambos ingredientes en su justa proporción, así es necesario para obtener el bien hay que tener sabiduría y algo de placer.

 

B)           TIMEO                                    (volver al índice)

 

Al final, Platón se ocupó de la cosmología en este diálogo, pero considerándolo sólo como una “narración verosímil”, llena de expresiones míticas. Además emplea numerosos elementos tomados de los pitagóricos (Timeo, el narrador, es presentado como un “sabio pitagórico”).

Posiblemente fue la obra de Platón más conocida e influyente durante la Edad Media.

En el inicio del texto figura la historia de la Atlántida (También en el Critias se describen la primitiva Atenas y la Atlántida). Seguramente fue inventado por Platón, aunque después se convirtió en un auténtico y apasionante mito.

La obra, en su parte cosmológica, comienza afirmando la distinción entre los dos mundos, “el ser eterno que no nace jamás” y que sólo es aprehensible por la inteligencia y “el ser que nace y no existe nunca”. El primero sirve de modelo para el otro y, por tanto, la relación es de imitación del Mundo de las Ideas como arquetipo o paradigma.

El Cosmos o Mundo sensible ha tenido que nacer, “puesto que es visible y tangible y porque tiene cuerpo”. Pero ¿cómo se ha engendrado?: “Descubrir al autor y padre de este Cosmos es una gran hazaña”.

Con ello tenemos en el Timeo cuatro elementos:

a)      Un demiurgo o artífice divino, causa eficiente e inteligente y final. Seguramente inspirado en el Nous de Anaxágoras.

b)      El Mundo de las Ideas, -el Ser- como modelo eterno y ordenado, causa ejemplar.

c)      La materia, preexistente, móvil y caótica, causa material. Al parecer inspirada en los atomistas. “Hay algunos, dice, como Leucipo y Platón, que afirman que la actividad existe desde siempre y desde siempre hay movimiento.” (Aristóteles, Metafísica XII)

d)      Un espacio vacío –el no ser- también preexistente, lugar o receptáculo de la materia. Recuérdese, al igual, a los atomistas.

Otra posibilidad de interpretación de los cuatro elementos, en algunos pasajes del Timeo, identifica el espacio con la materia  y el cuarto elemento sería el Mundo Sensible. “De momento, bástenos fijar bien en el espíritu estos tres géneros de ser: lo que nace o es engendrado, aquello en que esto es engendrado y aquello a cuya semejanza se desarrolla lo engendrado. Y es conveniente comparar el receptáculo a una madre, el modelo a un padre y la naturaleza que media entre los dos a un hijo…”

El demiurgo moldeó la materia dándola forma en el espacio, tomando de modelo el Mundo de las Ideas, para “llevarla a un estado de orden, convencido de que este estado era mejor que aquel primitivo en que se encontraba la materia”. Platón nos comenta que el artífice “ha querido que todas las cosas fueran buenas” y, por tanto, ha hecho el mundo mejor y más bello posible, obrando de acuerdo con un fin, con un plan teleológico. Por eso si el resultado no es tan perfecto como el modelo, esto se debe a la resistencia intrínseca de la materia, que tiende hacia el desorden y la descomposición. El Cosmos es un ser vivo que posee alma (siendo lo primero que realizó el demiurgo) que todo lo mueve, anima y gobierna como el alma del hombre a su cuerpo.

 

 

C)          CARTA VII                              (volver al índice)

 

Entre las diversas cartas atribuidas a Platón, ésta, que tiene especial interés por su carácter de autobiografía, es considerada auténtica por los especialistas. Se la dirigió a los seguidores de Dión en el exilio, que reunían fuerzas para la reconquista de Siracusa. (Ver texto Carta VII)

 

6.    EL HOMBRE. Tª DEL ALMA Y DEL CONOCIMIENTO         (índice)

 

Del mismo modo que hemos visto un dualismo cosmológico y que en el Timeo se decía que el Cosmos está compuesto de alma y materia, siendo aquélla lo primero que formó el demiurgo y con los mismos elementos hizo el alma racional, el hombre también es un compuesto de alma y cuerpo (dualismo antropológico). Pero propiamente hablando el cuerpo es algo accidental en nosotros, al que el alma, que es afín a las Ideas, se une temporalmente para poder cumplir su castigo por alguna falta cometida –Fedro- o su destino en este mundo. El cuerpo y el alma son sustancialmente muy diferentes, incluso contrarios: el alma, por su misma naturaleza simple e inmaterial, es inmortal y preexistente. Su actividad esencial es la contemplación de las Ideas, aunque mientras esté unida al cuerpo deberá purificarse como preparación para ese momento. En todo esto Platón se inspiró en concepciones órficas y pitagóricas y, distanciándose de la mentalidad tradicional griega, toma de ellos la doctrina de las sucesivas reencarnaciones del alma.

El alma tiene en Platón fundamentalmente dos papeles: como principio vital del cuerpo y como principio del conocimiento racional. Además, en su relación con el cuerpo, Platón unas veces acentúa el dualismo mientras otras se muestra más conciliador. De estos puntos de vista resultan las diferentes metáforas que emplea: el piloto en su nave, el jinete de un caballo, la ostra en su concha, el músico con su instrumento, el prisionero en la cárcel,…

Quizá sea Fedón el diálogo donde se muestra una dicotomía más acentuada entre ambos. Allí se tiene una concepción muy peyorativa del cuerpo humano que será heredada por muchos del pensamiento posterior.

En cambio tenemos en Timeo o Filebo una concepción más armónica.

Introduce la división tripartita del alma en la República (donde parecen funciones distintas de una misma alma). Se representa en el Fedro con el símil del carro alado y la retoma en el Timeo (donde da más la impresión de tratase de tres almas diferentes):

-         El alma racional (nous, logos) está situada en la cabeza. Es inmortal, inteligente, de naturaleza “divina”. Tiene como función el conocimiento racional. Se representa con el cochero del carro alado.

-         El alma irascible (thymós) está situada en el pecho y es mortal. Tiene como función ser fuente de las pasiones nobles. Es el caballo blanco del carro alado.

-         El alma apetitiva (epithymía) está situada en el abdomen y es mortal. Tiene como función ser fuente de las pasiones innobles. Es el caballo negro del carro alado.

 

De la teoría del conocimiento en Platón ya hemos ido diciendo casi todo lo importante:

-         En primer lugar que una de las funciones de la teoría del alma es explicar la fuente o principio del conocimiento racional y que tal papel lo desempeña la parte racional del alma.

-         En segundo lugar lo escrito ya en el apartado 3.4. en donde se delimita el objeto del conocimiento en estrecha relación con la realidad y en el capítulo 4. donde se explica, en líneas generales, la teoría de las Ideas.

-         Y finalmente hemos considerado en el capítulo 4. -desde donde se remite a los diálogos de Platón-, los posibles caminos (reminiscencia, dialéctica, impulso amoroso y purificación) que acercan al alma a la comprensión de la verdad.

 

7.    ÉTICA Y POLÍTICA. LA VIRTUD Y EL ESTADO                    (índice)

 

Resumiendo los tipos fundamentales de la actividad humana, vemos que la ciencia es el conocimiento perfecto que nos lleva al descubrimiento de las verdaderas realidades que son el norte que nos debe guiar. El amor puro es la noble aspiración y limpio deseo de alcanzar esos ideales perfectos, que, junto a la reminiscencia, la dialéctica y la purificación del alma, son los caminos. Pero especialmente esta última, la purificación del alma, nos lleva a la consideración la virtud, que regulando la vida práctica y la conducta privada y pública es igualmente, por tanto, camino y preparación del alma para la consecución de su fin propio, del ideal. Pero hemos visto que el hombre necesita de la sociedad, que no puede ser virtuoso aislado, sino en la comunidad política, es decir, en el Estado.

De la intención ética del pensamiento platónico ya se han dicho arriba alguna cosa (ver 3.1.).

La virtud (areté), junto con la sabiduría, constituyen los dos valores supremos del hombre. Hay momentos que hasta se confunden; pero Platón no llega, como Sócrates, a la plena identificación de ambas. Se plantea el problema de si la virtud es una o múltiple, para concluir en la solidaridad mutua de las virtudes entre sí, bajo la Idea del Bien, hasta el punto de que no es posible que se dé perfectamente una virtud o que un hombre sea virtuoso si falta alguna fundamental.

También, como hemos visto en Fedón y Fedro, la virtud es purificación de las pasiones y liberación del alma, manifestación de salud espiritual.

La virtud, en general, como leemos en la República, es medida, proporción y armonía en el hombre. A cada parte del alma corresponde una virtud especial y fundamental, de donde derivan muchas otras:

-         Al alma racional corresponde la sabiduría (sophía) práctica, que también se ha llamado prudencia (phrónesis). Su objeto es descubrir y señalar los ideales y valores supremos de la vida, la meta a donde deben dirigirse nuestras acciones y los medios conducentes a ella.

-         Al alma irascible corresponde la fortaleza o el valor (andreía), que nos lleva a sobreponernos a las contrariedades, sufrimientos y dolores y nos anima a vencer con esfuerzo las dificultades que encontremos en nuestro camino.

-         Al alma concupiscible la templanza o moderación (sophrosyne) de nuestros apetitos inferiores, que tienden a la satisfacción de nuestras necesidades orgánicas y a los placeres que siguen.

-         La justicia (dikaiosyne) es una virtud general, que pone armonía y orden entre todas las partes del alma y establece el equilibrio del conjunto, evitando que alguna se salga de sus funciones.

 

En cuanto a la teoría platónica del Estado (pólis, politeía), sabemos que la trayectoria personal y la filosofía de Platón tuvieron una evidente pretensión política (ver 3.3.) y que correlacionó alma, virtud y vida cívica. En tres obras expuso el conjunto de la organización estatal, en la República, donde manifiesta una concepción idealista rayana en la utopía, y en el Político y las Leyes, donde se siente más realista.

El tema de la República es la justicia en el individuo y el Estado. Platón propone tres grandes clases sociales: gobernantes filósofos (arcontes), guardianes y trabajadores, que corresponden con las tres partes del alma y sus respectivas virtudes. No son clases cerradas, castas, sino estratos determinados por su función principal, a los cuales pueden pertenecer los individuos por su vocación, aptitudes y preparación respectiva. El principio fundamental es que predomina el interés común sobre el del grupo y éste sobre el individuo.

 

Parte del alma

Clase social

Virtud

Racional

Gobernante filósofo

Prudencia o sabiduría práctica

Irascible

Guardianes o guerreros

Fortaleza, valor

Concupiscible

Trabajadores u obreros

Templanza, moderación

Armonía entre las tres

Armonía entre las tres

Justicia

 

Es una organización con un modelo jerárquico y aristocrático. Pero no se trata de una aristocracia del linaje, sino de la educación y práctica de la virtud y el saber.

A la cabeza están los filósofos, que han de ser los gobernantes por su mejor disposición para realizar el bien común. Necesitan una larga y esmerada educación, siendo seleccionados desde niños, para poder cumplir su cometido.

En el nivel intermedio están los guardianes del Estado, cuya función es defender la sociedad política contra sus enemigos, sean externos o internos. Reciben una formación conjunta con los gobernantes, menos en la última etapa, y viven con ellos en comunidad, sin propiedad privada, ni matrimonio o familia propia. Es importante señalar que entre los criterios de selección no está el sexo, pues aclara Sócrates (Platón) a Glaucón que las mujeres son iguales a los varones en todo y para todo.

La mayoría de los ciudadanos son trabajadores (artesanos, obreros, labradores,…). No necesitan ningún tipo de educación, sólo la profesional, y tienen que ser moderados y obedecer a los poderes políticos. Son los únicos que disfrutan de propiedad privada, aunque común, limitada y bajo control directo del Estado, y los únicos que mantienen vínculos familiares estables.

La justicia es la virtud que abarca al conjunto y consiste en la armonía entre las clases, de modo que cada una cumpla perfectamente con su función, resultando el perfecto equilibrio social, paralelo al que reina en el Mundo de las Ideas.

En cuanto a las formas políticas de gobierno, en la República considera cinco:

-         La aristocracia es la forma más pura e ideal. En su sentido etimológico significa el gobierno de los mejores en sabiduría y virtud. Si hay un solo hombre que sobresale sobre todos los demás se denomina monarquía.

-         La timocracia es una degeneración de aquella en la que el ansia de honores, la ambición y la fuerza sustituyen a la razón. Su sentido etimológico está relacionado con el pecho varonil (observar que, en griego, el alma irascible se llama thymós), por lo que es el gobierno militar o de los guardianes, que saliéndose de la misión que les es propia –defender el Estado-, se arrogan la función de mandar y gobernar, que no les incumbe.

-         La oligarquía es el gobierno de unos pocos, los ricos, en cuyas manos, por falta de virtud y por sobrarles afán de lucro, se han concentrado las riquezas del Estado, mientras el pueblo queda empobrecido.

-         La democracia es el gobierno del pueblo –demos- que se subleva contra los abusos de la oligarquía. Entonces todos se creen legisladores, se desprecia el cumplimiento de las leyes y reina el desorden.

-         La tiranía llega cuando el más astuto aprovecha para apoderarse de la situación y gobierna despóticamente la ciudad, haciendo de su capricho la ley y apropiándose de todos los bienes sociales. Así se alcanza el más funesto de todos los regímenes políticos.

 

En el Político reduce las formas de gobierno a tres: monarquía, aristocracia y democracia. Y en las Leyes propone una forma mixta. El poder es ejercido por treinta y siete guardianes de la ley, elegidos por votación popular, y hay un consejo o asamblea de la ciudad, compuesto por cuatrocientos sesenta miembros, representantes en partes iguales de las distintas clases sociales.

 

8.    REPERCUSIÓN DEL PENSAMIENTO DE PLATÓN               (índice)

 

La grandiosa concepción filosófica de Platón, a pesar de sus exageraciones y de sus defectos, ha ejercido un enorme influjo en el pensamiento posterior. Muchos son los sistemas filosóficos que saben a platonismo, bien porque deliberadamente lo aceptan y pretenden continuar, bien porque, en líneas generales, se inspiran en él o toman algunos elementos básicos.

Si quisiéramos resaltar los signos de platonismo, diríamos que se da cuando en Metafísica se acepta el dualismo entre materia y espíritu, defendiendo la supremacía de ésta sobre aquélla, y dualismo también entre este mundo sensible y otro trascendente, donde se encuentra la razón y sentido de aquél. En la teoría del conocimiento cuando se da una marcada preponderancia de lo racional sobre lo sensible y se admite de algún modo el apriorismo de nuestros conocimientos universales y necesarios sobre los de la experiencia. En ética y estética si se proclama un idealismo axiológico, en el sentido de que son los valores ideales objetivos, trascendentes y eternos, los que determinan la conducta moral y el quehacer artístico, señalando sus normas, su sentido y su meta.

Señalando ahora los influjos más claros de Platón, debemos decir que, sin duda, su discípulo más grande fue Aristóteles, aunque su gran personalidad le impidió ser un simple continuador de su maestro.

La Academia: donde oficialmente se siguió enseñando la filosofía platónica fue en la Academia; pero la falta de grandes personalidades la hizo degenerar, escolarizándola en fórmulas secas y en esquemas vacíos, que acabaron por reducir a caricatura el pensamiento de Platón. Aproximadamente un siglo después de la muerte de Platón  volvió a recobrar prestigio con Arcesilao, y dos siglos más tarde con Carnéades, de los cuales nos ha llegado casi exclusivamente el recuerdo de su crítica contra el dogmatismo estoico y, por tanto, aparecen profesando un escepticismo mitigado que se ha llamado el “probabilismo” académico, según el cual no podemos alcanzar certeza de las cosas sino tan sólo probabilidad; por lo tanto no podemos pretender hacer afirmaciones definitivas, sino tan sólo expresar nuestra opinión. De este modo, como se ve, quedó casi totalmente desvirtuado el antiguo platonismo.

Más tarde, algunos escolarcas de la Academia, por huir del escepticismo, cayeron en el eclecticismo, uniendo a antiguas doctrinas platónicas otras estoicas, y aun algún elemento del Liceo, dando a la filosofía una orientación moral, como era costumbre en la época. En los últimos siglos de pervivencia dominó en ella el neoplatonismo, hasta que fue mandada cerrar por el emperador Justiniano en el 529, siendo Dasmacio el último esolarca.

El neoplatonismo: En los siglos I a. C. y I d. C. hay en el mundo mediterráneo una gran efervescencia platónica. La dispersión de los judíos, el conocimiento de algunas religiones orientales y, sobre todo, la propagación del cristianismo son causa de lleguen a los medios filosóficos preocupaciones por una solución trascendente al problema del destino humano. Las nuevas religiones encuentran especialmente eco en los seguidores de Platón, y ellas mismas se aprovechan de conceptos platónicos para presentarse con un ropaje filosófico. A este intento de compenetración entre el platonismo y las religiones se le puede llamar en un sentido amplio neoplatonismo. Debe tenerse en cuenta que el platonismo de esta época no es puro, sino que está mezclado con elementos doctrinales estoicos y neopitagóricos.

Había, pues, un neoplatonismo judío, representado por Filón de Alejandría (a quien llamaban el Platón hebreo), que consistía en un intento de síntesis de las doctrinas platónicas con el contenido del Antiguo Testamento.

Había un neoplatonismo pagano que sería el esfuerzo último por dar una consistencia doctrinal a las concepciones religiosas paganas frente a la fuerza avasalladora del cristianismo, que se venía imponiendo a pesar de las persecuciones. Este movimiento, que es el que constituye el neoplatonismo en sentido estricto, surgió en Alejandría, teniendo como primer maestro a Ammonio Sakkas. En su escuela se formó Plotino, el más grande representante de los neoplatónicos, que vivió en el siglo III y abrió escuela en Roma, donde ejerció gran influjo filosófico y espiritual. Sus escritos fueron publicados con el nombre de Ennéadas por su discípulo Porfirio, que siguió las huellas de su maestro. El neoplatonismo reaparece en Siria con Jámblico, y en Atenas, con Proclo, ya en el siglo V.

Por fin, se puede hablar de un neoplatonismo cristiano. El platonismo en metafísica y el estoicismo en moral fueron las filosofías con que los Santos Padres más simpatizaron, y que el influjo platónico culmina en San Agustín y en el Pseudo Dionisio, a través de los cuales se proyecta sobre toda la Edad Media. La teología estará concebida platónicamente por el prestigio de San Agustín y casi toda la mística cristiana influida por el neoplatonismo a través de los libros del Pseudo Dionisio.

Aun cuando en el siglo XIII San Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino intentan interpretar racionalmente el cristianismo en términos aristotélicos, se verán obligados a conservar elementos platónicos en un porcentaje muy alto.

Uno de los primeros movimientos filosóficos del Renacimiento tratará de hacer resurgir la filosofía platónica. Jorge Gemistio y Besarión traerán la inquietud desde Grecia, lo que cristalizará en la Academia platónica de Florencia por Marsilio Ficino.

En la Edad Moderna la huella del filósofo ateniense es aún notable en el Racionalismo continental.

En nuestros días, en la sociedad de las tecnologías de la información y la comunicación, se recogen muchos de sus temas y mitos, que siguen manteniendo su encanto y poderosa capacidad de sugerencia.

 

 

Tomado de la Historia de la Filosofía y de las Ciencias de Manuel Mindán. Ed. Anaya, Salamanca 1968

 

9.    ANEXO DE TEXTOS                         (volver al índice)

 

Texto 1º.        Aristóteles:  Metafísica                (Regresar)

“Su filosofía sigue, en la mayoría de los casos, la de los pitagóricos, pero posee también sus ideas propias, al margen de la filosofía de la escuela Itálica. Platón se familiarizó desde niño con la mentalidad de Cratilo y fue partidario de la doctrina de Heráclito, según la cual todos los objetos sensibles están en una continua fluencia y no hay sobre ellos ciencia alguna posible; esta opinión la conservó más tarde. Por otra parte, puesto que la doctrina de Sócrates no se extiende de ninguna manera al estudio de la naturaleza total, sino se mantiene tan sólo en la esfera de lo moral, aunque en este terreno tendiera a la investigación de lo general y fuera el primero que tuvo la idea de dar definiciones de las cosas, Platón, aprobando la manera de pensar de Sócrates en su búsqueda primaria de lo general, pensó que las definiciones debían recaer sobre toda clase de seres que no fuesen los seres sensibles, ya que era realmente imposible dar una definición común a una serie cualquiera de seres sensibles, que siempre están en mutación. Y así llamó Ideas a estos seres, añadiendo que los objetos sensibles están fuera de las Ideas y reciben de ellas su nombre, porque en virtud de su participación en las Ideas todos los objetos de un mismo género reciben el mismo nombre que las Ideas.”

 

Texto 2º.        Platón: Cratilo                            (Regresar)

“Sócrates. –… Ningún conocimiento, evidentemente, conoce al objeto al que se aplica, si éste no tiene ningún estado determinado.

Cratilo. –Así es, como tú dices.

Sócrates. –Y probablemente tampoco podría ya haber ninguna cuestión o problema sobre el conocimiento, Cratilo, si todo se transforma y nada permanece… Si, por el contrario, existe siempre el sujeto que conoce, igual que el objeto conocido, igual que lo bello, igual que el bien, igual que cada ser en particular, esto de que vamos a hablar me parece que no ofrece ninguna semejanza con un flujo y una movilidad…”

 

Texto 3º.        Platón:  Fedón                            (Regresar)

“Mientras tengamos el cuerpo, y nuestra alma se halle entremezclada con semejante mal, no poseeremos suficientemente aquello que deseamos, es decir, la verdad. El cuerpo, en efecto, nos acarrea incontables distracciones debido a la necesidad de sustento, y, por si fuera poco, lo atacan enfermedades que nos impiden el conocimiento de lo real. Nos llena de amores, deseos, temores, toda clase de imágenes y tonterías; de tal modo que en lo que de él depende jamás nos sería posible ser sabios. También las guerras, discordias y batallas las acarrean el cuerpo y sus deseos… ¿Y no es la muerte una liberación del alma con respecto al cuerpo? Por eso los que filosofan de verdad se preparan para el morir…”

 

Texto 4º.        Platón: Fedón                             (Regresar)

“-Considera entonces –dijo Sócrates- si en lo que viene a continuación de esto compartes mi opinión. A mí me parece que si existe otra cosa bella aparte de lo bello en sí, no es bella por ninguna otra causa, sino por el hecho de que participa de eso que hemos dicho que es bello en sí. Y lo mismo digo de todo. ¿Estás de acuerdo con dicha causa?

-Estoy de acuerdo -respondió.

-En tal caso –continuó Sócrates-, ya no comprendo ni puedo dar crédito a las otras causas, a esas que aducen los sabios. Así pues, si alguien me dice que una cosa cualquiera es bella, bien por brillante color, o por su forma, o cualquier otro motivo de esta índole (mando a paseo a los demás, pues me embrollo en todos ellos), tengo en mí mismo esta simple, sencilla y quizá ingenua convicción de que no la hace bella otra cosa que la presencia o participación de aquella belleza en sí, la tenga por donde sea y del modo que sea. Esto ya no insisto en afirmarlo; sí, en cambio, que es por la belleza por la que todas las cosas bellas son bellas… ¿No te lo parece también a ti?

-Sí.

-¿Y también que por la grandeza son grandes las cosas pequeñas y mayores las mayores, y por la pequeñez, pequeñas las pequeñas?

-Sí.”

 

Texto 5º.        Platón: Fedro                              (Regresar)

“Pero el lugar que está más allá de los cielos no lo ha cantado ningún poeta ni lo cantará jamás adecuadamente. Es como diré a continuación, pues hemos de atrevernos a decir la verdad, especialmente cuando de la verdad estamos hablando: en aquel lugar habita, sin color, sin figura e intangible, la auténtica realidad. Por ser el objeto del verdadero conocimiento, sólo puede ser percibida por aquella capacidad de conocer que es el piloto del alma. El pensamiento de los dioses, nutrido de saber y de conocimiento puro, y del mismo modo el conocimiento del alma, que se ocupa en captar lo que le es afín, se regocija al contemplar por fin al ser; se alimenta de la contemplación de la verdad y es feliz hasta que es arrastrada de nuevo al mismo sitio por el movimiento circular. Entre tanto y dando vueltas alrededor, contempla a la justicia misma, a la moderación misma y al conocimiento –pero no el conocimiento que comienza a ser o el que existe en cualquier otra cosa de las que llamamos reales, sino el conocimiento verdadero en lo que es verdaderamente. Y, habiéndose recreado en la contemplación de las cosas que son igualmente verdaderas, el alma se sumerge de nuevo dentro de la parte interior del cielo, para regresar a casa.”