¿De quién es cada fragmento?

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Fragmento de un pensador presocrático

Autor

Comprobación

No entienden los más las cosas con las que se topan, ni pese a haberlas aprendido las conocen, pero a ellos se lo parece.
Como observó que muchas de las propiedades de los números se dan en los cuerpos sensibles, supuso que los seres eran números no separados.
Así como nuestra ánima, que es aire, mantiene nuestra cohesión, así también el mundo entero lo abarca un hálito, el aire.
Los únicos caminos de búsqueda que cabe concebir: el uno, el de que es y no es posible que no sea,...
Y estas transformaciones incesantes jamás llegan a su fin, unas veces por Amistad concurriendo en uno todos ellos; otras, por el contrario, separados cada uno por un lado por la inquina de Odio.
El principio de los seres es indefinido... y las cosas perecen en lo mismo que les dio el ser, según la necesidad.
El Intelecto, que existe siempre, evidentemente existe también ahora donde están las demás cosas, en la multiplicidad circundante, en las cosas que han sido unidas y en las que han sido separadas.
Afirmó que el principio era el agua.
Designa al espacio como vacío y a cada una de las sustancias seres. Cree que éstos son tan pequeños que escapan a nuestros sentidos, pero que se dan en ellos formas de todas clases.
Asegura que el alma es inmortal; también que transmigra en otras especies de seres vivos, y además que en determinados períodos de tiempo lo ya ocurrido vuelve a ocurrir, así que nada es absolutamente nuevo.
Me indagué a mí mismo.
Y la diosa me acogió benévola; tomó en su mano mi mano diestra y así me dirigió la palabra.
El sol le procura a la luna el brillo.
Lo que se mueve, no se mueve en el lugar que está ni en el que no está.
En todo hay una parte de todo, menos en el Intelecto; pero hay algunas cosas en las que también hay Intelecto.
Que no comprendemos cómo es o cómo no es en realidad cada cosa, ha quedado demostrado de múltiples maneras.
El conjunto del tiempo es un niño que juega a los peones. ¡Cosa de un niño es el poder regio!
Pues lo que cabe concebir y lo que cabe que sea, son una misma cosa.
Las cuatro raíces de las cosas todas escucha lo primero cuáles son: Zeus resplandeciente, Hera dispensadora de la vida, así como Hades y Nestis, que con sus lágrimas empapa el mortal hontanar.
Los hombres han modelado la imagen de la suerte como excusa para su propia irreflexión. Rara vez la suerte está reñida con la inteligencia. Por el contrario, la mayor parte de las cosas de la vida las lleva por buen camino una inteligente penetración.
 
Los textos están tomados de la edición "Fragmentos Presocráticos" de Alberto Bernabé para Alianza editorial